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Un placer para ustedes, un trabajo para mí


Adriana García

También me llamo Maria
Escribo en las mañanas porque es cuando estoy despejada y puedo entregarme con calma y todas mis energías. A veces sucede que mi tarea se prolonga hasta la noche o incluso deshoras de la mañana, pero solamente si el duende está alborotando o la víscera coopera para que me mantenga despierta.
Supe que mis padres me pusieron Adriana por la novela de Moravia "La Romana". Soy sietemesina y según me contaron, mamá estuvo muchas veces a punto de que no se lograra el embarazo; casi todo ese período se la pasó en cama. Hoy creo que esa historia me la contaba para que yo creyera que le debía muchísimo, pero en realidad no, no le debo más que lo que otros hijos le deben a sus madres: la vida y ya y eso porque ella quiso. En realidad nadie pide venir. Ni ella misma lo pidió, que yo sepa. 
En la familia imperaron los nombres que empiezan con A. Mi hermano se llamaba Alejandro y mi primas Aleida, Andrea, Adamari y Ángela. Aquí hay otra peculiaridad de la familia: todas nos antepusieron el María, pero nada más enseñaron a mis primas a usarlo; a mí, aunque en mi acta de nacimiento viene María Adriana, me enseñaron que mi nombre era simple y llanamente Adriana. En este momento me está dando por escribir con mayúsculas algo que siempre ha sido verdad, que ha estado allí, como estuvieron presentes todos los problemas de la familia: TAMBIÉN ME LLAMO  MARÍA, Y ASÍ COMO CARGUÉ CON ESE NOMBRE OMITIDO, PAGUÉ PLATOS ROTOS DE LAS OMISIONES DE PAPÁ Y MAMÁ.
Y efectivamente, una parte mía ha sido sistemáticamente ignorada por todos, hasta por mí. Es tan fuerte el hábito de negar el María que me asumo como una mujer que viene del mar, o de Hadria, una extranjera en esa familia en la que siempre me sentí distinta y me percibieron distinta, al grado que mi hermano me consideraba como una garza. Ese apodo me puso: “Adriana Garza”, hasta parece otro nombre. Las garzas vuelan. A él lo apodaban “Cerdorino” y a mi prima “Burrilú”. 
 Para pertenecer a… tienes que ser como…, dice una regla por ahí, y creo muy bien que funcionó en esta hermandad en la que no fui admitida porque no era cuadrúpeda.
María es nombre hebreo. Quiere decir la elegida. María Adriana sería algo así como la judía que viene del mar, la elegida para servir de atrio, de puerta de entrada hacia no se qué lugar. Solo recuerdo un sueño en el que me veía platicando con mi hermano, él era 5 años mayor que yo y lo veía de 20 años y yo de 15. Y lo escuché decir: “Por políticas de la familia, tú vas a ser la recogida”. Y es verdad: viví la vida del paria.
Es paradójico. Mi hermano fue el primer pariente que me dijo que ya nadie me quería, pero fue el único en la familia que me puso un apodo decente. Mamá me decía “Chiporreta”, según ella porque nací de chiripa. Con esos apodos me sentía muy mal, como si yo fuera un objeto aporreado, deforme, echado a perder, de a tiro ya para la basura. Así fue como finalmente, por mi terquedad de que aceptaran el María, quedé convertida en "La Yeguita", y a los cinco años me empezaron a llamar sencillamente Addy. Al principio creí que era el nombre de un perro, pero después me fuí acostumbrando logrando que todos me llamaran así
Mi nombre no me gusta, pero he aprendido a aceptarlo. Creo que es como el color de piel con el que se nace. No se tiene otro, y viéndolo bien, tampoco es feo; pero he tenido oportunidad de alterarlo y creo que me gusta más la alteración. Mi primera entrada la firmo con éste.
No se si mi nombre tenga algún olor, pero el texto huele a azufre, a veces se va transformando y es un olor delicioso, como si se estuvieran tostando chiles. Entonces huele bonito, pero hace llorar.

Comentarios

Unknown dijo…
Jajaja una de las cosas mas bonitas que he leído últimamente, en fin. Hueles mas como a marla. Por que si tuviera un tumor así lo llamaria (chiste) en fin quien lo diría. Te conozco tan poco, pero al final de todo el recorrido. Te querré siempre. Si no ne crees. Pregúntale a los pinguinos. Ellos siempre dicen la verdad.

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