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Sin título...suficiente

El caballero luchaba con aquel dragón fiero y sagaz, que lanzaba manotazos con sus enormes garras aceradas. El valiente caballero de ojos marrón esquivaba sus ataques con destreza, sin embargo, el escudo que lo protegía se debilitaba más y sus fuerzas ya decaían, sin parecer que el dragón fuera a rendirse. Era, sin duda, una bestia mítica, como sólo la esperas ver en tus peores pesadillas, con escamas duras como la piedra, ojos rojos, de los cuales brotaba el más puro odio y aquel aliento que dejaba a su paso el perfume de la muerte. El caballero de ojos marrón trataba de acertar con la espada en el corazón de la bestia, sin embargo, no lograba terminar la batalla. A lo lejos, su damisela le gritaba: "¡Basta ya¡ Morirás si sigues en pie de lucha. ¿qué será de mi si tú mueres? ¿quién va a cantarme entonces, a ayudarme en mi soledad, quién va a curar mis heridas? deja, pues, que yo cure las tuyas en esta batalla que has librado". Sin embargo, el caballero era sordo a los ruegos...

No te permito llorar

Las noches de febrero se caracterizan por ser frías, algunas lluviosas, pero aquella era especialmente gris y penosa. La gente bajo las sombrillas se ocultaba de la fina llovizna que apenas acariciaba el rostro, fría, certera. Y también llovía en mi interior, exteriorizándose como lluvia en mis ojos, Las lágrimas caían sin que nadie se diera cuenta y yo no sabía por qué. Encendí un cigarrillo mientras esperaba el transporte, tan sólo quería olvidar la escena de la mañana de aquel lunes de febrero, que me lastimaba por alguna razón, a pesar de que, una noche anterior, me juraba que era lo correcto. El muchacho era alegre, vivaz, me protegía como si fuese su mayor tesoro y durante nueve meses parecía ser el centro de su mundo. Su vasta adoración me hacía sentir importante, no al grado de enriquecer mi ego, sino al grado de enriquecerlo a él. Por ello, cuando decidía poner fin a la relación, siendo que quería dedicarme de lleno a mi pianista, sus ojos se nublaron y la más profunda tris...

Aún no me he ido

Siempre supe que tenía que enfrentarme a una de las palabras que me agobian: razones. Para mí era como un cuchillo al rojo vivo saber el motivo de su llamada desde el primer timbrazo, por la forma petulante de pronunciar cada oración y el pesar que se le denotaba en la voz. La voz de mi pianista, que cantaba hermosas melodías para mi, mientras sus manos acariciaban las teclas del piano, ahora sonaba cargada de nostalgia  de duda. Y yo sabía por qué. Por que tengo esa horrible necesidad de jugar juegos que de antemano sé que voy a perder. Por que siempre dejo asuntos sin concluir. Por que a pesar de mi egoísmo en los sentimientos, de mi introversión respecto a las cosas que considero no les importan a nadie, tengo esa tendencia al miedo de las reacciones que las personas al rededor pudieran tener, no en relación a mi o al que dirán, sino precisamente con respecto a mi y a lo que puedo causar.  Cosas muy banales como en una ópera surgieron de repente, como el...

Crónica de un pianista

Recuerdo casi con nostalgia, a pesar de haber sido hoy, la visión de su espalda desnuda, acariciando las teclas del piano que tenía  frente a sí, ignorando los ruidos de la ciudad y sólo concentrado en tocar aquella melodía que me producía un nudo en la garganta. De arriba hacia abajo, acariciaba la espalda de mi pianista  extasiada por la tersura de su piel y embriagada también por los acordes que salía de aquel piano. Podía quedarme horas sin moverme sólo mirándolo tocar, tenia una gracia infinita en la manera de mover los dedos y crear armonías. Sin embargo, su hábito de soñador a veces no concordaba demasiado con mi manera literal de ver las cosas, y aunque él decía quererme demasiado, lo nuestro sencillamente no funcionó. A pesar de tener una química casi perfecta. A pesar de nuestros gustos tan similares y diferentes. A pesar de todo, un día un ente del pasado ensombreció sus canciones y dijo que sencillamente no podía lastimarme más. Un día simplemente se ale...

Noches perdidas

  Cuando me miró de esa manera, que conocía a medias, me dí cuenta de que la estaba regando. Me enfrentaba de nueva cuenta a las decisiones que había tratado de tomar y que habían adquirido un rumbo distinto de mis ideales, pero con los que no me encontraba a disgusto totalmente. Y yo que pensaba sencillamente mandarlo todo a paseo. Cuando te das cuenta de que las cosas no funcionan como deberían por que es tu culpa, la mayor parte de las veces es demasiado tarde para remediar algo. Y no es que sea tarde para mí, al menos, no todavía, sin embargo, las palabras que te dicen a diario te resuenan en un momento equivocado, acabando poco a poco, como si de el tintero de un escritor frustrado se tratara, de las ganas de que todo se aclare de una vez. Es una bonita broma si lo ves positivo, das lo que recibes, es así de simple, pero este trueque no iba de acuerdo a lo establecido.  No encuentro placer ni siquiera en escribir, ni hablar, aunque bien se sabe que nunca he sido muy co...
Lo peor de la pasión es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada. Lo malo del después son los despojos que embalsaman al humo de los sueños, los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole sin dueño. Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales, condenar a la hoguera los archivos. Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos…

INVI

Cálmate, corazón insensato, por que no tienes la culpa y todo lo que pasa en el mundo es insensato, y la maldad y la bondad no tienen sentido, y la codicia, el odio y la pasión dominan por doquier. No es culpa tuya, por que las personas permanecen igual y no cambian. Los años pasan y los hombres nacen y mueren y su vida es un soplo cálido, y no son felices viviendo y lo son sólo al morir. Por esto nada es más vano que la vida humana. En vano sumerges al hombre en la corriente del tiempo, su corazón no cambia y sale de la corriente tal y como ha entrado en ella. En vano lo pones a prueba en la guerra y la miseria, en la enfermedad y los incendios, en los dioses y las armas, por que sólo consigue endurecerse con estas pruebas hasta llegar a ser malvado y odiarse a sí mismo y por esto sólo el hombre muerto es hombre bueno El humano no puede vivir sin poder ser superior a los demás y no hay miserable que no se crea mejor que otro. Uno se jacta de la habilidad de sus dedos, otro de la anc...